Durante seis décadas hemos escuchado a los ideólogos de cada partido político expresarse como defensores de los principios democráticos. Tanto los lideres de “derecha” como de “Izquierda”, son coincidentes en opinar que su lucha es por la instauración de un Gobierno democrático. Los liberales se proclaman liberales demócratas; los conservadores, también dicen ser conservadores demócratas; los socialistas se convirtieron en socialdemócratas y los comunistas dicen haber evolucionado de un sistema democrático. Los gobernantes dictatoriales son vehementes en afirmar que son representantes de un gobierno democrático y son defensores de los principios democráticos.
Durante la dictadura somocista, los nicaragüenses fuimos coparticipes de un sistema democrático bipartidista dictatorial, pues el Dictador, apoyado por la Guardia Nacional, imponía su elección presidencial y la conformación de una Asamblea de Diputados y Senadores, integrada por dos partidos políticos, en la cual el Dictador se aseguraba tener el apoyo de la mayoría.
Durante la década de los ochenta, como resultado de una revuelta popular, se conformó una incipiente democracia pluralista, pues la Asamblea de Diputados estuvo conformada por mas de una decena de partidos políticos y organismos sindicales que conformaban la representación pluralista del pueblo organizado. Desgraciadamente, el fervor y la ambición desmedida de dirigentes del FSLN, con el apoyo del EPS. (Ejercito popular sandinista), ahogaron esa incipiente representatividad pluralista, e impusieron un nuevo gobierno dictatorial militar.
Dichosamente la inconformidad popular, por el ambiente militarista imperante y la caída de los aliados rusos, en los años noventa, logramos vislumbrar la oportunidad de establecer un nuevo sistema democrático pluralista pero, nuevamente fue desechado para regresar al sistema bipartidista; los Partidos políticos aliados en la UNO (unión nacional opositora), que ganaron las elecciones, no hicieron prevalecer el pluralismo partidario y realizaron reformas constitucionales para eliminar la representación pluripartidista e imponer nuevamente el sistema bipartidista. Los micro-partidos perdieron su representatividad y fueron obligados a hacer “alianzas partidarias” para poder obtener “curules” en la Asamblea Nacional.
En las recientes elecciones, aunque estructuralmente se conformaron cuatro bancadas o grupos representativos partidarios, como resultado de las alianzas partidistas, realmente deberían ser al menos seis o diez las bancadas que participasen en los debates, si los partidos que, por estrategia legal conformaron alianzas partidistas, optaran por asumir su verdadera representatividad partidaria, posibilitando así el ejercicio del pluralismo democrático.
Creo que con el ejercicio democrático pluri-partidista, en la Asamblea Nacional se terminaría tanta polarización y tantas zancadillas de los supuestos lideres de los partidos pactistas; las leyes serían producto del debate democrático entre los verdaderos representantes del pueblo.
Opino que el ejercicio democrático pluralista podría ser la estrategia apropiada para salir de esta encrucijada a la que nos ha llevado el actual sistema político imperante; de esa forma terminarían las confrontaciones partidistas. Para llegar a instaurar ese sistema habrá que realizar una reforma constitucional total.�
El primer objetivo para lograrlo es realizando reformas en la ley electoral que permita elegir nuevos diputados que tengan conciencia patriótica para servir al pueblo, no para aprovecharse del cargo.
FULVIO TIJERINO PEREZ
Juigalpa Chontales 27 Septiembre 2008